lunes, 21 de septiembre de 2009

EL BICENTENARIO DE LA LIBERTAD. 1
Fortunato González Cruz
Por la calle real

Mediante un enjundioso Decreto del Alcalde de Mérida, Léster Rodríguez Herrera, el pasado miércoles 16 de septiembre se dio inicio a los actos conmemorativos de los 200 años de la independencia de Mérida, proceso iniciado por la Junta Superior Gubernativa el 16 de septiembre de 1810. Hubo misa, ofrenda a El Libertador, lectura del Decreto y un magnífico discurso del Alcalde. En la noche un hermoso concierto de música venezolana y merideña de la Orquesta Sinfónica del Estado. En la acera de enfrente hubo algo, aparte, dividimos como estamos.

Desde su fundación, Mérida perteneció al Corregimiento de Tunja de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá, luego en 1577 al recién creado Corregimiento del Espíritu Santo de La Grita. Posteriormente entre 1579 y 1582 al Corregimiento de Pamplona para volver a pertenecer al de Tunja. En 1607 vuelve a separarse del Corregimiento de Tunja por creación una vez más del Corregimiento de La Grita. En 1622 se eleva el Corregimiento a la categoría de Provincia y se designa gobernador al trujillano Juan Pacheco Maldonado. La sede de los poderes tanto del Corregimiento como de la Provincia siempre fue Mérida. El 31 de diciembre de 1676 se crea la Provincia de Mérida de Maracaibo y dos años después se traslada la capital a esa ciudad lacustre. En 1777 se crea la Capitanía General de Venezuela y se incorpora a ella la Provincia de Mérida de Maracaibo.

Los merideños estaban descontentos por muchas razones: Le ineficiencia del gobierno central, el abandono de los pocos servicios que entonces competían al incipiente sector público, la enorme carga tributaria que servía para medio aplacar la avaricia de los gobernantes, la represión contra la libertad de los pobladores. Y los merideños tenían autoridad para protestar porque eran gente de trabajo y de luces: Con un alto nivel de autoabastecimiento, también exportaba productos de gran calidad. Y la formación cultural y educativa de primer nivel gracias al antiguo Colegio San Javier fundado en 1628 por los jesuitas, que fueron expulsados en 1767; a la existencia en la ciudad de monasterios y conventos; y al Real Seminario Tridentino de San Buenaventura. Gente culta y trabajadora que sabía el valor de la libertad, que buscó en varias oportunidades a costa de vidas y haciendas, hasta que la logra aquel 16 de septiembre en la que los merideños asumieron la conducción de sus asuntos.

El 16 de septiembre de 1810, el Ayuntamiento de Mérida crea la Provincia de Mérida y rompe con el gobierno de España y de Maracaibo, y manifiesta su voluntad de unirse a la Confederación Venezolana. La ciudad contaba entonces con unos diez mil habitantes y apenas llegaba desde la Iglesia del Llano a la de Milla. Un pueblito, pero capaz de convocar y liderar una gesta como aquella. Comienza así una historia traumática pese a lo bucólica existencia determinada por el aislamiento y el clima, pero que ha rendido frutos generosos.

No son los hoy representantes del pueblo de Mérida dignos herederos de aquellos padres fundadores: Quienes ahora ejercen la representación popular en la Asamblea Nacional, en el Consejo Legislativo y en el Concejo Municipal dejaron a un lado la representación del pueblo altivo y amante de la libertad de aquel 16 de septiembre. Lucen sumisos, arrodillados, entregados al nuevo monarca de utilería. A este tipo le dedica Fray Junípero unos versos:

“Hacer la pelota al líder, ser sumiso, ser amableY aplaudirle, por supuesto, cuando en la tribuna hable…
si por ser culiparlante cobro mi sueldo y mis dietas.”

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